viernes, 6 de febrero de 2015

Flor de pasión

Se abre el capullo, mostrando su luz, su olor, la belleza fresca del alba.

La flor de pasión




Ya sabes la verdad. Nada de esto es cierto. No hay belleza en la muerte. ¡Quién dijo eso miente!.

Yo ya tengo dos vidas. Tengo muchas curiosidades a las que no doy importancia, o la importancia debida. Sin embargo, hay una particularmente sangrante. No hice caso a mi muerte.

Estoy en mi segunda vida. Plas, Plas!!! Bravo Campeón!.

Empecé con mal pie, sigo en pie.

Soy tan sumamente cobarde, tan falso que ... lo primero que hice tras resucitar fue mentir. Acabas de salir de una sobredosis, abres los ojos, ves a una doctora devolviéndote la vida ... apenas pasan 5 segundos. Analizas donde estás y mientes.


Bonita manera de inagurar una nueva vida. Yo esperaba pastelitos y zumo de naranja.


A veces recuerdo la flor. Esa flor abierta en el asiento del coche. Te inclinas hacia ella, veneras su dolor, absorbes su veneno ,,, escuchas una canción y el tiempo pasa. Para todos, incluso para tu segunda vida.

lunes, 2 de febrero de 2015

Morir


Lo estoy pasando francamente mal. Muy mal.

Es duro pensar en morir, hay que tener mucho valor.




Siempre he sido una persona muy optimista. Mi corazón latía rebosante de luz, de ganas de vivir, de saber, de experimentar. La vida, vivir te ofrece tantas y tantas alegrías.

Pero, ... llega un día en el que una parte de tu vida desaparece. Realmente, no desaparece .... sería mejor decir que te la quitan.

Llevo varios meses separado de mi mujer, y de mis dos hijos. Ha sido una separación derivada de mi adicción a una droga, a un diablo, a un mal llamado HEROINA.


No soy, ni aparento, el perfil clásico de heroinómano. En cualquier caso, los tiempos son otros e imagino que la idea del yonkie tirado en el suelo ya no es la que era. Estuve cerca de 1 año y medio consumiendo heroína a diario. Simple y llanamente para poder vivir, para poder soportar la difícil situación matrimonial.


Hoy voy a ser sincero. Así fue. Mi matrimonio era un pozo, un pozo profundo sin esperanza alguna. Estaba sustentado en miedos. Miedo a perder mis hijos. Miedo a que se alejen del país. Miedo a una reunión familiar. Miedo al día a día..... Siempre cediendo y cediendo. Rebajando y recortando mi vida anterior con la utópica esperanza que ella, mi mujer, estuviera conforme, estuviera contenta. Siempre buscando su felicidad, a pesar de ir minando poco a poco la felicidad de otros y, en definitiva, la felicidad del conjunto.

Y así era un día y otro día. Llegar a casa con miedo. Siempre buscando tender puentes, apoyos para todos. Aparentar un hogar cálido por ellos, por los niños, por mis padres, por mi familia y amigos. 

Nadie vió nada. Nunca tuve un comportamiento que hiciera sospechar la doble vida que había estado llevando. Y, creedme, no es nada fácil. 

Soy una persona a la que su pareja ha minimizado su existencia a, prácticamente, trabajar y la casa. Tantos estudios, tanta preparación, tanta familia y amistades .... todo eso, quedo tan en segundo plano que casi ni existía. Virtualmente trataba de, como fuera, hacer brillar la vela de la normalidad. Cuando la realidad era que todo es mentira. Todo falsedad.


Hubo un día, ese día, en que ya no pude más. Todos los días una mentira. Todos los días un engaño. Necesitar esos 20 minutos para comprar tu dosis. Es duro, muy, muy duro. Y lo peor, es ver que no sirve absolutamente para nada. Tu matrimonio está acabado desde hace mucho tiempo. No merece la pena arruinar más mi vida. Y hablo de MI vida ... porque nunca he hecho daño a la de los demás. Quizás, pudiera ser que indirectamente algo salpicara. Pero no caería en la demagogia ni en la autocomplacencia diciendo que todo el daño fue para mi.



Y llegó ese día. Confesé, pedí ayuda.  



Me gusta mucho el cine. Las películas de espionaje e intriga son de mis favoritas. Si observáis, un efecto muy común en el cine se produce cuando hay una explosión. Cuando explota una bomba se oye, tras la explosión, un silencio subordinado a un pitido. Junto a ese pitido se van superponiendo una serie de imágenes más o menos desordenadas. Todo es confusión; pero pasado un tiempo, llega la claridad.

En mi caso, fue muy parecido. Confesé mi adicción y, lo siguiente, fue todo muy confuso. De repente me encuentro en un centro (CAD) para iniciar un tratamiento, me encuentro la figura de mis padres, no vivo en mi casa, no veo a mis hijos y mi  mujer me ha abandonado.

Todo este tiempo, luchando y aguantando para evitar romper el matrimonio y .... mirad en que situación me encuentro. Mi mujer me abandona.


No voy a juzgar este hecho. Es imposible. Soy la parte interesada, aparte que siempre tengo un grave complejo de inferioridad que me impide defenderme. Acepto el golpe y callo. Silencio.


Pasan días, pasan meses .... y compruebo como cada vez me es más difícil ver a mis hijos. Todos mis intentos por intentar que alguien nos aconseje neutralmente para decidir que días puedo estar con ellos, con mi vida. Son infructuosos.

Mi mujer, ya ha ido a un abogado. Este abogado ha observado mi condición de toxicómano e impide ver a mis hijos.

Nadie, .... y esto es la mayor verdad dicha hasta ahora, Nadie puede imaginar el dolor que tengo en mi corazón. Me siento tan, tan hundido. Marginado. Excluido. Atormentado.

Ese abogado, ¿siquiera me ha visto?. Ese abogado, ¿siquiera sabe si estoy limpio o no?. Ese abogado, ¿sabe algo de porqué comenzó mi adicción?..... ¿Sabe ese abogado no ya mi sufrimiento, sino el de mis hijos?.


Me encuentro tan, tan mal .... tan vacío de energía. Las negociaciones con el centro mediador se han roto. Mi mujer quiere que vaya a ver su abogado y firme lo que allí me digan. Esto es, mis hijos se marchan de su país de nacimiento, de donde está su padre, sus abuelos, sus primos, sus amigos .... su vida.


He querido morir. Lo reconozco. No soportaba más seguir así. Yo, que jamás en la vida he deseado mal a nadie. Siempre pensando en los demás, en unos y otros .... ahora resulta que soy un despojo. ¿Para qué vivir?


Y aquí ... hace un día, de nuevo aparece ese pequeño rayo de luz. Esa débil esperanza. Esa bofetada que hace despertar. Mi nueva amiga: Irene.

Gracias a Irene, hoy he conseguido levantarme. Y estoy mal, muy mal. Pero estoy en pie, estoy con los ojos abiertos.

Me ha facilitado un teléfono, su abogada. Una persona, según ella, con humanidad y comprensión. Que me ha sabido escuchar y , sin hablar de dinero, ya hemos concertado una cita.


Solo no puedo estar. Lo reconozco. Seré todo lo inteligente que queráis. Titulaciones, idiomas, trabajos ...... todo eso no sirve de nada si al final el corazón domina y ciega tu voluntad.

Hoy al menos, puedo tener una esperanza. Y escuchar de otros: tú no eres así!
Esas palabras reconfortan, no se trata de vanidad, se trata de VERDAD